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9 jul 09el tigre se pregunta
por qué siempre se queda solo.
luces y bohemia del domingo por la tarde (blog · amigos · fotos)
levantarse está siendo estos días una prueba para mis párpados. duermo mucho. que me quiero escapar supongo, tengo voces en la cabeza, me dicen cosas pero no las oigo. Brotes psicóticos. brotes con raices poco profundas. Y de tanto no querer ver nada, pierdo la perspectiva.
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Sigue haciendo calor. El cloro quema la piel más que el salitre. Mi amigo me estuvo tocando el cuello y la espalda, masaje, y trató de liberar puntos enégéticos. Sé que a veces le doy miedo solo con tocarme. me gustaría volver a ser pequeña y hacer agujeros en las paredes con las uñas. tratar de atravesar las paredes para conocer a mis vecinos. escribir notas con mercromina y tirarlas por la ventana. dejar miles de botellas con notas en miles de sitios. para encontrar hermanos. para no estar tan sola. Pero ya hace muchos años de todo aquello.
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Ellos tenían buenas intenciones, seguro, de pie en la barra, bebían copas sin hielo y hablaban. primero uno, luego ella, así durante un rato. y yo estaba bien. pero a veces, no sé, alguien dijo algo y creo que me cambió la cara. había estado casi callada todo el rato, sin dar demasiado la razón ni mojarme demasiado. pero empecé a hablar y las palabras me rebotaban en los oidos. y dentro algo tiraba de mi lengua hacia dentro y me mandaba callar pero yo reventaba y eso no tiene fácil salida, no sé, dentro de mi sentía que era mi padre quien hablaba o mi hermano o todo un dolor de cristales de cadenas de iras en labios quemados me salió, brotó como sangre, como alcohol quemado. después sentía parte de mi garganta fuera de la boca. bebí un trago largo. él, al principio creo que habia tratado de defenderse o decir algo. ella solo miraba, pienso. Cuando terminé de hablar se quedaron un rato largo callados. y no me miraban.
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Nada sé de estos días tuyos
Se cebaron la soga y las espadas
en mi pueblo: yo las atraje.
Debo ciudades muertas, largas
territorios teñidos por el rojo aguacero
de la derrota, el nombre de otra tierra
a la patria.
Alegraos y bebed si todo ahora cambió
Yo, Vortigen, el rey
del final de Britania
nada sé de estos días.
P.e.B
Dueño de sí mismo y satisfecho vivirá aquél que puede decir día tras día: "He vivido; mañana puede el Padre cubrir el firmamento con una negra nube o con el resplandor del sol; no podrá, sin embargo, anular lo que es del pasado, ni transformará o volvera a deshacer lo que una vez nos trajo la hora fugaz.
Ovidio
Yo he tenido momentos de trance, eso que se llama también momentos de éxtasis, de creerte que estás en otro mundo, de palpar con tus sentidos la grandeza del más allá. Cosa grande esta. Después es como si te diera miedo o rabia. Después te quedas como prendido de hilos que se suspenden en algo que no conocemos, porque yo cuando canto no abro los ojos, porque para cantar tengo que soñar, tengo que no ver y cuando despierto del letargo si lo he hecho bien mi espíritu es como si hubiera estado en un lejano cautiverio. Después quedo libre de mi cautiverio, al haber dado rienda suelta a mis íntimas satisfacciones.
Antonio de Mairena.
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La tierra
bajo mis pies
no es más que un inmenso
periódico desplegado
A veces pasa una fotografía,
es una curiosidad cualquiera
y de las flores surge uniformemente
el perfume
el buen perfume
de la tinta de escribir
André Bretón.
El que cree en el hielo
acabará mojándose hasta el pelo
porque nada es eterno
ni siquiera el invierno.
papel encontrado en bolsillo vaqueros. no sé quien lo ha escrito.
La verdad es que van como pájaros envejecidos y oscuros,
con las pechugas palpitantes de haber volado mucho
en un trozo de cielo muy pequeño.
Nada, Carmén Laforet.
Simple. He bajado a por pan y leche para el desayuno. Me gusta la cara de la gente desfigurada por el calor, hasta los ojos más separados. No me gusta el calor pero parece que esto es áfrica, o que debe serlo. Una mano caliente encima de la cabeza mientras vas por la acera, que gusto. Si fuera áfrica. He ido a la tienda. Nunca sé que responder cuando me hacen una pregunta directa. Entonces, la gente cree que miento cuando en realidad no sé decir la verdad. Ojalá todos fueran negros.
Se me ha quemado el pan, un poco.
Iba a escribir algo muy profundo y sudoroso sobre otra cosa pero ha empezado a mi derecha Bob Esponja y estoy alucinada. simple.
Hace un momento me he quedado sola y he abierto la cortina. Algo crujía ahí fuera, podría ser la lluvia. Me ha caido luz en el brazo, luz blanca como de septiembre. Echo de menos la lluvia. escuchaba a los niños reir en el salón. Tenía la piel hinchada por el sexo y una herida en la mano. Él se vestía y recogía las cosas. Los niños gritaban cada vez más fuerte. Recordaba el sueño, yo era un tigre blanco. Era una furia, mujer, luego. Vivía en una casa de madera clara y estaba sola. Escribía un meil y veía a una mujer francesa parecida a Françoiz Breut. Paseabamos por la misma ciudad oscura de mis sueños, una llena de balcones rotos y me acostaba con ella. He abierto los ojos cuando tenía mi mano sobre su pecho y he mirado otra espalda. la que duerme a mi lado y la he abrazado. Después, él preparaba el té y yo miraba el cielo, limpio, transparente.
Al quedarme sólo (¡Qué extraño es también esto!) no pensé enseguida en la salud de mi padre, sino que conmovido y -puedo asegurarlo - con todo el respeto filial deploré que una inteligencia como la suya, que tendía hacia las más altas metas, no hubiese encontrado una cultura mejor. Hoy que escribo, cerca ya de la edad avanzada de mi padre, sé con certeza que un hombre puede tener la sensación de poseer una altísima inteligencia que no da otros síntomas de su existencia fuera de esa misma fuerte sensación. Esto es: Se respira profundamente y se acepta y se admira toda la naturaleza tal como es y tal como, inmutable, se nos ofrece; con eso se manifiesta la misma inteligencia que exige toda la Creación. Estoy seguro de que en el último instante lúcido de su vida, la sensación de inteligencia que experimentó mi padre fue originada por una imprevisa inspiración religiosa, tanto es así que me habló de ello porque yo le conté que había estado discutiendo sobre los orígenes del Cristianismo. Ahora, sin embargo, sé que esta sensación era, además, el primer síntoma de un edema cerebral.

La conciencia de Zeno. Italo Svevo.