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La Coctelera

hunger

13 abr 09

Dios había metido su dedo en la red de mis nervios, y discretamente, al pasar, había embrollado un poco los hilos. Dios había retirado su dedo y con él habían quedado fibras y finas raicillas arrancadas a los hilos de mis nervios. Y en el sitio tocado por su dedo, que era el dedo de Dios, había un agujero abierto; y en mi cerebro, una herida hecha por el paso de su dedo. Pero después que Dios me toco con el dedo de su mano me dejó tranquilo y no volvió  a tocarme, ni permitió que me sucediera ningún mal. Me dejó ir en paz pero me dejó con el agujero abierto y ningún mal me ocurrió por la voluntad de Dios que es el señor de toda la eternidad. 


Knut Hansum

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